Viaje al futuro

Un día de julio, estando de visita en nuestra hermosa ciudad natal Caracas, un queridísimo amigo “Jose Ramon Diaz”, nos extendio una invitacion a ciegas, así sin mas detalles. Era sábado por la tarde, sólo mencionó que iríamos a ver un concierto de una de las orquestas del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles de Venezuela y dijo el nombre del lugar, y también que quedaba frente a la casa del artista “Amador Bendayán”, es decir, en el propio centro de la ciudad.

Chami y este servidor ni lo pensamos un segundo, ya que las referencias y gustos de nuestro querido amigo para la música sinfónica, siempre son de lo mejor.

Así que, tipo 4 de la tarde, recibimos la llamada de Mina y José Ramón, quienes nos pasaron buscando en la casa del Marqués, hogar de mi querida madre. De allí hasta el sitio fueron sólo minutos, quizás segundos, no lo sé, así vuela el tiempo cuando estás bien acompañado. Hablamos de todo un poco, la situación nacional, compartimos detalles de nuestras vidas, las de ellos en Venezuela y las de nosotros en el extranjero, en fin, nos pusimos al día como quien dice.

Llegamos al sitio, José Ramón consiguió puesto para estacionar su carro, justo al lado de la casa del artista, en un pequeño galpón dedicado para estos fines dada la escasez de puestos de estacionamiento en la zona. Acto seguido, buscar las entradas de nuestro concierto.

Un edificio de nombre “Centro de acción social por la música“, sede del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, guardaba entre sus visitantes muchos jóvenes, quienes transitaban con sus instrumentos, sin mayores preocupaciones que las del músico que va con retardo a su ensayo, o las del que necesita mayor práctica para su próximo concierto. En la puerta principal un vigilante, quien amablemente nos recibió dándonos acceso al lugar y preguntando si veníamos a la función prevista para esa tarde. Ya dentro del lugar, podías sentir que algo estaba pasando, ya no estabas en la ciudad agitada, en su paranoia, habíamos viajado al futuro luego de atravesar la puerta del edificio. En la entrada, unos guías que de forma voluntaria, daban instrucciones sobre que hacer y que no para disfrutar de los servicios ofrecidos en las instalaciones, de un lado una fila mediana, donde un grupo de gente se aprestaba a recoger los billetes del próximo concierto de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Venezuela, quien gratuitamente nos deleitaría con sus notas musicales un ratico después. En los muros, pantallas planas despliegan videos de los tantos, miles de conciertos exitosos donde el “sistema” ha elevado el nombre de nuestro bello país hasta el cielo y mas allá.

Todos los presentes participaríamos sin saberlo en un concierto estelar, pero lo que nunca imaginamos fue encontrarnos en pleno centro del olvido caraqueño, sentados en aquel  lugar, magno e impresionante, irreal, bien acomodados en hermosas butacas coloreadas con diseños del único y maravilloso Carlos Cruz Diez, y al mismo tiempo escuchando las melódicas notas interpretadas con la pasión que identifica a nuestra orquesta. Fue sencillamente como viajar al futuro y por una hora creer que cuando se quiere y se trabaja con tesón, todo lo que queremos se puede, todo lo que imaginas se hace realidad.

Aquí les dejo unas imágenes de ese palacio escondido de la música venezolana, y una invitación para que una de estas tardes, un viernes o un sábado, se den el placer de constatar que ya somos mejores de lo que nosotros mismos podemos percibir.

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Hasta el próximo post!!!

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