Cuentos desde el autobus

La vida transcurre tan diferente cuando se viaja en un autobús, que puede llegar a sorprender la cantidad de situaciones vivibles en este particular medio de transporte urbano.

Yo lo utilizo frecuentemente para ir y venir hacia y desde mi lugar trabajo ubicado en el centro de la ciudad. El trayecto puede tomar alrededor de 30 minutos desde donde vivo hasta la parada donde dejo el autobús para llegar a la oficina. En relación al horario, todavía me sigue impresionando la precisión, el respeto y los niveles de precisión que logra alcanzar este sistema de transporte terrestre, desde mi punto de vista bien estructurado, controlado y mantenido. Sus choferes, algunos mejores que otros pero en general poco habladores, así como uno que otro amante de la música de radio la cual mantienen, quizás por reglamento, a un nivel bastante aceptable para el resto de los que cohabitantes de la unidad.

El primer cuento data del verano de 2009, chami y su servidor, nos trasladábamos hacia el festival de tango de Montreal digamos un día miércoles de una semana del mes de Junio, alrededor de las 6.00 pm. Salimos de una estación del metro y esperamos pacientemente la llegada del autobús que nos llevaría al lugar donde tendría cita el festival. Una vez en la unidad, el chofer apagó los motores para esperar un rato la llegada del resto de los pasajeros que habitualmente tomarían la ruta. Puedo jurar, que recordaré ese momento por mucho tiempo; estuvimos 10 minutos dentro de la unidad, en la que habían alrededor de 10 personas (incluyendo nosotros dos) en completo y absoluto silencio. Sí, aunque sea poco creíble, estábamos en la popular hora pico, a la salida de una estación del metro, en la propia ciudad y aún así, era factible escuchar los susurros de la gente sentada al final, en el fondo. Tremendas diferencias entre ese momento de silencio, el cual, estábamos poco habituados a disfrutar viniendo de mi hermoso país donde el silencio es incómodo, intolerable, así que solemos combatirlo de cualquier manera, bien sea hablando del clima, o criticando la vida de otro, o simplemente riéndonos a carcajada limpia.

El segundo no es cuento, es una realidad. Si observas cuidadosamente y mantienes una rutina similar durante la semana con respecto al horario en el cual abordas el autobús, podrás darte cuenta que somos los mismos personajes los que cohabitamos la unidad en esos horarios, lo cual, hace predecible y te deja comprender como eso mito de la vida planificada toma sentido y se torna real, tangible, puedes vivirlo a través de los otros, de sus hábitos, de sus costumbres, de la forma como se visten, de la forma como hablan, incluso en los casos extremos hasta del lugar que toman para sentarse en esta unidad que trasporta nuestros pensamientos y los deja flotar sobre las rutas en la vía hacia el trabajo y que calma nuestra fatiga durante las colas al final de la jornada cuando los más afortunados estamos de regreso al hogar.

He vivido situaciones maravillosas en estos autos verdes como les llaman ahora aquí, he conocido personas de las que ahora soy amigo, he iniciado hábitos como la lectura y he conocido un poco más la cultura tan particular femenina y masculina de esta zona del mundo, tan diferente a mi cultura en cosas como por ejemplo que las mujeres (sobre todo las más jóvenes) generalmente no aceptaran tomar asiento si un hombre les sede el lugar, porque eso puede significar una señal de que ella en ese preciso momento es más débil que el hombre y por esa razón, el hombre le está cediendo el puesto, en lugar de simplemente tomar la plaza como un gesto de caballerosidad latina, tan acostumbrada en nuestros países.

Adoro estas unidades, las cuido y las respeto pero aquí entre nosotros, cuanto daría a veces, por levantar la mano y que una de ellas se detuviese en medio de la calle para resguardarme en su seno, como lo hacen los nunca bien ponderados carritos por puesto, busetas, o como sean llamados, nuestros fabulosos y anárquicos medios de trasporte citadinos, en mi caso venezolanos.

Gracias por sus pasiones, gracias por el verde, gracias señor clima por estos 34 grados centígrados de humedad y alegría.

Hoy les dejo para terminar, “el payasito sin nombre” fotografiado magistralmente por luisagp.

"El payasito sin nombre" fotografía luisagp

"El payasito sin nombre" fotografía luisagp

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